Desde que el mundo es mundo, los mayores siempre nos hemos quejado de la juventud, sin tener en cuenta que nosotros también fuimos niños y después jóvenes, o bien teniéndolo en cuenta pero no recordando las trastadas que hacíamos.

La gente de mi generación -nacidos en los setenta y ochenta-, acostumbra a afirmar que los niños de hoy en día son muy diferentes -para peor- de como éramos nosotros.

Ya cuando éramos jóvenes, las generaciones anteriores, de nuestros padres y abuelos, decían y dicen que lo tuvimos mucho más fácil que ellos, cosa que en cierta forma es cierta, ya que no pasamos hambre, no vivimos la postguerra, no fuimos conscientes de la dictadura y muchas otras miserias. Pero se nos educó para ser educados y respetuosos.

Hoy en día, los chavales salen más 'descarriados' según muchos, cosa que puede ser cierta, pero la culpa no es de estas nuevas juventudes sino de las generaciones que las critican y no las saben encarrilar como se nos encarriló a nosotros.

Culpa de los padres, culpa de la escuela, culpa de los niños, culpa ¿de quién?

Cada uno se quita el muerto de encima, cuando todos tenemos un poco de culpa, lo que no se puede hacer es culpar a los niños, o a un colectivo exclusivamente.

La culpable -a mi parecer- vuelve a ser la fabulosa sociedad en la que todos habitamos muy felizmente y el avance tecnológico. Esta es una vida con muchos lujos y comodidades, pero tiene algunos efectos secundarios como este: la madurez muy tardía de los niños, que provoca esta falta de educación, respeto y cultura de nuestra sucesiva generación.

Un niño nace igual ahora que hace doscientos años, lo que falla es su desarrollo; hace treinta años, nos criábamos -generalmente- con uno de nuestros progenitores (normalmente nuestra madre) y en nuestra casa -generalmente-. A día de hoy se crían en la guardería -generalmente- o con la abuela -generalmente- o con la canguro -generalmente- y fuera de casa -generalmente-.

El hecho de que necesitemos mucho money hace que debamos trabajar muchas horas (que no es lo mismo que trabajar mucho) para no perder el tren de vida del vecino, no dedicando tanto tiempo a nuestros hijos, como nos dedicaban nuestros padres.

¿Solución? creo que no la hay; de hecho, el problema tampoco lo es tanto, ya que estos niños maduran más tarde pero acaban madurando y convirtiéndose en señores y señoras.

Por tanto, ¿cuál era el problema?